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LA HORA DE
ZARAGOZA
El Valle Medio del Ebro: una gran región estratégica para España
Consideramos que el Ebro, el río más caudaloso de España y que discurre sucesivamente por las Comunidades Autónomas de Cantabria, Castilla-León, País Vasco, Rioja, Navarra, Aragón y Cataluña, propicia en su parte media un eje natural socioeconómico cuyo valor político estamos dispuestos a desarrollar, junto con las otras Comunidades implicadas.
Entendemos el Valle Medio del Ebro como un eje vertebrador del sistema de infraestructuras e “infoestructuras” de las Comunidades Autónomas que lo forman e integrado en lo que se denomina la “gran dorsal europea”.
Los factores que caracterizan este Corredor son su pequeño tamaño relativo, el alto nivel de desarrollo, la escasa tasa de paro y su dinamismo económico en comparación con el conjunto de España, así como una estructura productiva en la que influyen de manera muy importante la agricultura, la ganadería, la industria, la energía, la construcción, y especialmente el transporte y la producción agroalimentaria. Asimismo, se da un importante intercambio de mercancías entre las Comunidades Autónomas que lo integran, y puede constituir una excelente base de lanzamiento para una proyección exterior conjunta de dichas Comunidades Autónomas.
Por ello, el deseo de potenciar el Valle Medio del Ebro responde no sólo a una decidida voluntad de progreso social, económico y cultural del Partido Popular en las Comunidades citadas, sino también a la disposición común para afrontar el reto político que supone la reorganización equilibrada de la España de las Autonomías, a la que Zaragoza, como capital de Aragón, no puede ser insensible.
Los sucesivos ataques a la naturaleza constitucional que vienen realizando las opciones políticas socialistas y nacionalistas del País Vasco y Cataluña contra la cohesión nacional, social y territorial, afectan directamente a la identidad política de las Comunidades del Valle del Ebro por ser limítrofes, y, por tanto, a la de Zaragoza.
La negación de las particularidades lingüísticas propias y de las modalidades de habla local, frente a la imposición de un catalán estandarizado, la constante inclusión de la mal llamada Franja de Poniente en los mapas de los falsamente denominados Països Catalans, o la justa reivindicación de los bienes de las parroquias orientales aragonesas son tres ejemplos, de entre otros que se podrían citar, de cómo el nacionalismo catalán pretende desarrollar una deformada y caduca política imperialista, ante la que Aragón no puede estar inmóvil, ni tampoco su capital, Zaragoza.
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