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EL GOBIERNO
DE LA CIUDAD
La actuación municipal en una gran ciudad como Zaragoza no puede plantearse como el ejercicio de una mera administración de servicios, sino como una auténtica acción de gobierno, con toda la carga de contenido estratégico, psicológico y representativo que la palabra gobierno entraña.
En este sentido, y en el contexto de la Unión Europea, con todos los procesos actualmente en marcha de replanteamiento de competencias entre los distintos niveles, la palabra “gobierno” aplicada a la ciudad de Zaragoza, por más que abarque distintas competencias, tiene intrínsecamente la misma dimensión conceptual que aplicada a la Comunidad Autónoma aragonesa o al Estado español.
Y desde esa concepción moderna del Gobierno de Zaragoza, pensamos que es necesaria una amplia reflexión sobre las distintas facetas de la vida municipal, de forma que se lleven a efecto las reformas que se precisen para conseguir esa auténtica dimensión de gobierno y una verdadera eficacia del mismo.
Apostamos por un liderazgo político fuerte del Gobierno municipal, capaz de convertirle en catalizador de la fuerza social, económica y cultural de la ciudad y de su entorno metropolitano, propiciando una intensa participación ciudadana en todos los órdenes de acciones, y un diálogo permanente y fluido con los ciudadanos y con los agentes sociales.
Pretendemos que el Gobierno de Zaragoza enfatice la distinción entre la esfera política y la esfera ejecutiva, por una parte, y entre la esfera ejecutiva y la esfera administrativa, por otra. Distinción ésta particularmente importante no sólo por exigencias del buen gobierno, sino también por la aplicación de la Ley de Grandes Ciudades, en la que se contempla la posibilidad de nombramientos de personas ejecutivas que pueden ser miembros del Gobierno municipal sin ser concejales electos, así como por la nueva dimensión que pueden adquirir los distritos urbanos, articulándose en verdaderos órganos de acción ejecutiva.
Esta distinción pretende, entre otras cosas, que los gestores adquieran importantes responsabilidades ejecutivas y los concejales reafirmen su función de dirección y liderazgo políticos, y su dimensión de fundamentales elementos de diálogo con la sociedad.
Ello obliga a realizar un esfuerzo diferenciador entre las funciones de gobierno de las que tienen carácter deliberante o de control, por un lado, y, por otro, entre los actos de decisión e impulso político de las tareas de ejecución de programas y gestión de recursos.
Con ello, pretendemos formar un Gobierno que, al tiempo que evite las disfunciones derivadas de la confusión con que se definen estos ámbitos en el régimen local español, avance en el establecimiento de una organización político-administrativa descentralizada que, por una parte, articule lo más armónicamente posible las esferas políticas y de gestión, y, por otra, inicie la novedad en Zaragoza de un Gobierno descentralizado por distritos, con un cierto paralelismo con la organización territorial del Estado, que contempla poder central y poderes periféricos. Pero sobre todo, acerque todavía más el Gobierno municipal a los ciudadanos.
Nuestra voluntad modernizadora pretende llevar, por lo tanto, a la práctica los mejores valores políticos del gobierno municipal, y hacerlo, precisamente, a través del espíritu de la eficaz forma de gestión pública que ha demostrado ser durante veinticinco años para toda España el Estado de las Autonomías.
Para ello, es preciso resaltar con toda nitidez la diferencia entre dos grupos de ámbitos. Es decir, la preeminencia de la política como concepto y de los concejales electos como máximos agentes políticos, alejándose de cualquier pretensión tecnocrática, por una parte, y el equilibrio entre el poder central del Ayuntamiento y los nuevos poderes territoriales de distrito, por otra.
En el aspecto práctico, en lo concerniente al primer grupo de ideas, buscaremos crear el suficiente espacio para la gestión, pero dejando también todo el tiempo que haga falta para la política, de forma que los representantes electos puedan hacer compatible su tarea de dirección política con su deber de interlocución social. Y en lo tocante al segundo grupo de ideas, pretendemos establecer auténticos mini-ayuntamientos que puedan descender hasta las últimas consecuencias de los problemas que a ellos les toca resolver, y al mismo tiempo no perder nunca la visión global de conjunto que la gobernación de una gran ciudad debe tener en todo momento para aquellos asuntos que son generales.
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