LOS TOROS Y EL PAPA EN EL SIGLO XVI
10 de Enero de 2012
Estoy leyendo unas bulas del siglo XVI y entre esa información de archivo descubro la Bula “De Salute gregis Dominici”, emitida el 1 de noviembre de 1567, por el papa san Pío V. Y me indican que en ella el Papa prohibe los juegos taurinos, alegando que son “estos sangrientos y vergonzosos espectáculos dignos de los demonios y no de los hombres”. Prohibe cualquier participación activa o pasiva en ellos, llegando hasta el nivel de avisar que “si alguno llegase a encontrar en estos la muerte, que la sepultura eclesiástica le sea negada”. El papa, un hombre empeñado en reformar las constumbres de la sociedad, prohibe también más cosas cuando dice: “prohibimos e impedimos, en virtud de que la presente Constitución estará vigente para siempre, so pena de incurrir ipso facto en la excomunión, permitir que tengan lugar espectáculos de éste tipo, donde se hostigue a toros y otras bestias salvajes…”. Me parece un documento interesante, máxime cuando en aquel tiempo la salvajada que se producía en una plaza era monumental, cuando la fiesta de los toros quizás tenía muy poco del arte que ahora puede caracterizarla… En resumen, un momento de la historia de esas fiestas en las que se hostigan a los animales y a las que el papado colocó en la dificil papeleta de que todos los que en ellas participaran o asistieran fueran castigados con pena de excomunión.
LAS FECETAS DE ZARAGOZA
2 de Enero de 2012
Esta mañana, en esa frontera entre la lluvia que se nos iba y el sol que venía a inundar las calles de Zaragoza, hemos disfrutado de un buen rato visitando la Iglesia de las Fecetas, la iglesia del antiguo convento de las Carmelitas que fundara don Diego Fecet en el siglo XVII. Ha sido una visita estupenda, gracias a la amabilidad del párroco del Portillo, don Manuel Liarte, y a la sabiduria de la doctora Oliván Jarque que dedicó su Tesis doctoral a este convento, a esta iglesia y a sus magníficas yeserías mudéjares. Ha sido un buen regalo de reyes.
LOS “SALVAJES” NO TIENEN COLOR
2 de Enero de 2012
Hoy he estado en la basilica catedral de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza y era tal la afluencia de personas que había que moverse por ella con cierta parsimonia. La verdad es que quedaba patente el compromiso y la complicidad de esta ciudad, de esta tierra, con María de Nazaret, con nuestra Virgen del Pilar. Y en este lento discurrir, rodeado de masas de gentes, uno puede ir viendo con más detalle algunas cuestiones a las que en las visitas habituales no pones atención. Iba camino de poderme sentar, cosas de la edad, en los bancos para poder oir la Misa del Mediodía cuando he reparado en un pequeño cartel que, aunque es cierto que conocía y que había visto hace años, no me había causado tanto impacto como el que me ha causado hoy. Explica que en esa pared, junto a parte de las banderas de los estados iberoamericanos que acompañan a la Virgen en el exterior de su Santa Capilla dieciochesca, hay dos bombas que no explotaron, de las que fueron arrojadas contra el templo del Pilar el 3 de agosto de 1936, en esa guerra cruel y fraticida que muchos españoles anónimos, perdidos en los pueblos de España, saludaron alegres para poder dar rienda a su violencia, a su inquina, a su indignidad, unos contra los curas y los otros contra los maestros. Gentes formadas que murieron a manos de vulgares asesinos, de gentes sin dignidad fueran de uno o de otro bando, tuvieran la ideología que tuvieran, puesto que el que mata es asesino lo haga en nombre de lo que lo haga y -aunque algunos antidemocrátas siguen sin entender la frontera entre la razón y la sinrazón, a los dos bandos hay que juzgar con igual dureza en una guerra. Y uno se plantea leyendo este cartel, cómo
pueden lanzarse bombas para destruir el Pilar sin estar mal de la cabeza o sin ser un auténtico e intolerante “bárbaro” en el peor sentido de la palabra. Si no eran creyentes, cosa absolutamente de respetar, tendrían que sentirse herederos de un patrimonio común, cultural y artístico, al que la II República protegió por Ley. Por lo tanto, si eso lo mandaron responsables republicanos lo hicieron incumpliendo la Ley de Patrimonio de la República, magnifica legislación para proteger el legado cultural de todos los españoles. Si eso lo hicieron gentes sin que les dieran orden de ello, antepusieron sus intereses sectarios e inconfesables a los de la nación, a los del pueblo en nombre del cual luchaban… Por lo tanto, y creo que es muy importante que las generaciones futuras lo tengan muy claro, debemos recordar que las barbaries no tienen color, son manifestaciones de incultura, de inseguridad, de odio y de mezquindad. Por eso, hoy quiero condenar al olvido los nombres de los bárbaros que disponiendo esas bombas no atentaban sólo contra un templo cristiano, contra una devoción defendida desde todos los lados, puesto que eran bárbaros atentando contra la historia y el patrimonio del pueblo español y especialmente del pueblo aragonés.
LA VENIDA DE LA VIRGEN A ZARAGOZA
2 de Enero de 2012
El momento clave en la historia de esta ciudad de Zaragoza, abierta a los caminos que controlaba el puente de tablas romano que permitía cruzar el caudaloso río Ebro, fue el de la presencia de María de Nazaret a sus orillas, en ese espacio de la frontera con el entorno, allí donde el río ponía protección al caserío romano. En una de esas casas que se levantaban a orillas del río Ebro, debió de acontecer el suceso que llenó de singularidad la noche del 2 de enero del año 40, ese momento en el que María le anima al decaído apóstol que no logra consolidar una potente comunidad cristiana en la jóven colonia Caesararugusta. Allí, en una de esas domus o casa romana que los
primeros cristianos utilizaban para reunirse, para compartir las enseñanzas de Cristo, tuvo lugar la escena y el compromiso de María: la iglesia que se edificaría en esta ciudad perviviría y siempre habría alguien que diera testimonio de fe en su hijo Cristo. Hoy, casi dos mil años después, la vieja orilla del río está ocupado por una gran basilica catedral en honor de Nuestra Señora del Pilar, recordando la presencia de María de Nazaret en esta ciudad, recordando que quizás hasta pudo estar fisicamente puesto que -el año 40 de nuestra Era- la Virgen todavía estaba viva y sabemos que iba acompañando a los apóstoles en su evangelización por los caminos del mundo. Así lo han entendido algunos historiadores del pasado, algunos clérigos que han dedicado sus días a estudiar esta devoción que se ha convertido en la imágen de Zaragoza y en un referente para el cristianismo universal. Y pienso que no les falta razón, que María de Nazaret, viuda y doliente tras la muerte de su hijo, estuvo en esta ciudad sentando la dimensión espiritual de la Inmortal Zaragoza. Hoy, 2 de enero de 2012 seguimos recordando el 2 de enero del año 40.
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